POLÍTICA

Ley Malvinas: el Gobierno negó presiones de EE.UU., pero recortó lo que objetó Landau

PorRedacción El intransigente

El gobierno de Javier Milei consiguió avanzar con la Ley Malvinas después de introducir modificaciones en uno de sus capítulos centrales: las sanciones económicas y penales contra empresas vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas. La decisión se produjo después de que Estados Unidos expresara públicamente su preocupación por las consecuencias de la iniciativa sobre compañías norteamericanas.

La contradicción entre el discurso oficial y el resultado legislativo quedó expuesta en la secuencia de los acontecimientos. La Casa Rosada negó que existieran presiones de Washington para modificar la propuesta, pero el dictamen redujo precisamente el alcance de las penalidades que habían despertado reparos en la administración de Donald Trump.

El subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, había reconocido que su país seguía con atención el proyecto por los intereses de sus empresas. Durante una conferencia junto al canciller Pablo Quirno, aclaró que Washington respetaba el procedimiento legislativo argentino. Sin embargo, sus declaraciones confirmaron que el contenido de la iniciativa formaba parte de la agenda bilateral.

La propuesta original contemplaba sanciones que podían alcanzar no solamente a las compañías que desarrollaran actividades sin autorización argentina, sino también a otras firmas relacionadas comercial o financieramente con esas operaciones. Ese alcance generaba preocupación por la eventual responsabilidad de fondos de inversión, accionistas y proveedores estadounidenses que mantuvieran vínculos indirectos con los emprendimientos petroleros del Atlántico Sur.

Las modificaciones que redujeron las sanciones

El nuevo texto restringe las sanciones a operadores, licenciatarios, determinados proveedores y accionistas directamente vinculados con las actividades prohibidas. Además, contempla excepciones para inversores minoritarios y fondos sin poder de decisión sobre las compañías involucradas. La modificación reduce la exposición de actores financieros que podían quedar alcanzados por la redacción original, uno de los aspectos cuestionados desde Estados Unidos.

Entre los emprendimientos alcanzados por la controversia aparece Sea Lion, el proyecto petrolero desarrollado en aguas próximas a Malvinas por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. El interés de Washington no se concentra exclusivamente en estas operadoras, sino también en las consecuencias que una legislación más amplia podría tener sobre empresas, prestadores de servicios e inversores relacionados con sus actividades.

El oficialismo obtuvo 60 firmas en el plenario de las comisiones de Defensa Nacional, Legislación Penal y Relaciones Exteriores y Culto, con el acompañamiento de bloques aliados. La negociación incluyó otros cambios sobre seguridad nacional, control parlamentario y delitos relacionados con la intervención extranjera. Desde la oposición cuestionaron especialmente la flexibilización del régimen sancionatorio, mientras que el Gobierno defendió la necesidad de precisar las responsabilidades previstas en la ley.

La cuestión de fondo trasciende la discusión técnica sobre las penas. Javier Milei presentó la iniciativa como una herramienta para fortalecer el reclamo argentino sobre Malvinas, pero su tratamiento terminó atravesado por diferencias parlamentarias y las inquietudes de su principal aliado internacional. Aunque no está acreditado que Washington haya impuesto los cambios, la coincidencia entre sus objeciones y las modificaciones aprobadas deja una pregunta política abierta: cuánto del proyecto original conservará el Gobierno cuando llegue al recinto de Diputados.

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