La prestigiosa bioquímica hizo uso de la palabra en el acto del jueves en el Concejo Deliberante para recordar lo vivido en aquellos momentos donde una enfermedad desconocida estaba azotando a toda la región. Se mostró agradecida por el trato de siempre de toda la comunidad.
En la sesión del día jueves el Honorable Concejo Deliberante y el Municipio de Rojas, en un acto cargado de merecimientos y de emotividad, decidieron homenajear a Ana Teresa Kienzelmann de Anderson por lo que fue su labor en tiempos en los cuales la Fiebre Hemorrágica Argentina se presentaba como una enfermedad desconocida que estaba golpeando a la región, y además por haberse brindado durante toda su vida por la salud pública, incluso después de acogerse a los beneficios de la jubilación.
La propia protagonista del homenaje, rodeada de familiares y afectos, dejó unas hermosas palabras, recordando aquellos tiempos en los cuales llegó a Rojas para investigar sobre la enfermedad, lo que significó el trato con los pacientes, y también destacar el acompañamiento de siempre de la comunidad, mostrándose sumamente agradecida.
“Creo que el mayor mérito fue haber estado en el momento adecuado y en el lugar adecuado, porque apareció esto como un incentivo por el hecho de venir a una región desconocida para mi, a investigar sobre una enfermedad que había aparecido y que tenía a toda la comunidad preocupada“, fueron las primeras palabras, cargadas de humildad, que dejó en su mensaje Ana Teresa Kienzelmann de Anderson.
La reconocida bioquímica, declarada Personalidad Destacada del Partido de Rojas, continuó: “Que la provincia se haya involucrado tanto en mandar un grupo de gente a tratar de dilucidar lo que estaba pasando fue para nosotros una oportunidad de avanzar en nuestras carreras, de hecho estábamos todos entusiasmados porque sabíamos que se venía a descubrir algo distinto, que no se sabía de que se trataba“.
“Se creó en aquel momento una comisión para investigar la Fiebre Hemorrágica, cuyo objetivo principal era bajar la mortalidad, esto a raíz de la gran preocupación que había en todos los médicos de la zona, ya que había lugares en los cuales se llegaba a un 80 por ciento de mortalidad, en otros 60, por ejemplo Chacabuco y 9 de Julio fueron los lugares más afectados“, recordó.
En este orden, manifestó que “la enfermedad había tomado un alcance importante, de allí que se transformó en un desafío para nosotros, más aún cuando tuvimos que dar un giro a nuestras profesiones, tal es así que en mi caso estaba trabajando en el Hospital de Niños, y nos eligieron para organizar los bancos de sangre que iban a necesitar para el tratamiento y también para trabajar en el laboratorio ya que llegaban los enfermos y había que hacerles todos los estudios, y aparecían en cualquier momento del día“.
“Cuando los pacientes se sentían muy mal se acercaban al hospital y de allí lo derivaban al laboratorio, donde estábamos nosotros para recibirlos por la mañana, mientras que muchas veces cuando era fuera de ese horario los atendíamos en nuestras casas“, señaló.
Recordó además que “en un momento también se involucró la parte de salud de la nación y la Universidad de Buenos Aires, siendo justamente el Dr. Paredes, quien trabajaba en la Universidad, el que descubrió que era un virus, ahí fue cuando tomamos conciencia de que se estaba descubriendo algo muy importante para la ciencia, más aún en tiempos en los cuales todavía no se hablaba ni de pandemias ni epidemias, ni menos de virosis“.
Ana Teresa Kienzelmann de Anderson destacó: “Me siento agradecida de haber colaborado con eso y del apoyo que recibimos de todos los médicos al momento en que llegamos acá, y por supuesto a muchas personas que nos cobijaron, como Lionetta Bonora, Mateo, y otras tantas personas que se acercaban para dar una mano“.
“Tengo un agradecimiento por todos los que me ayudaron en aquel momento y por todos los que se fueron acercando con el paso de los años, por los vecinos, la gente de LALCEC, porque el hecho de dejar la familia para venir a un lugar distinto, sin saber lo que podía pasar, ni cuanto me iba a tener que quedar“, subrayó.
Por último, tras recibir su merecido reconocimiento enmarcado en el Día Internacional de la Mujer Ana Teresa Kienzelmann de Anderson declaró que “a pesar de todo eso me pareció que lo vivido fue muy sencillo, porque siempre me encontré a gusto, muy bien acompañada, solamente tengo palabras de agradecimiento y orgullo de haber podido aportar desde mi lugar para que se pudiese tratar una enfermedad que en ese momento tenía muy preocupada a mucha gente“.




