Mariana Heredia

¿Quiénes son los ricos en la Argentina?

“¿Cuáles son los principios fundamentales de la desigualdad social en el presente y sobre la cima de qué pirámide se alzan las elites?”, esa es la pregunta principal sobre la que se basa una interesante investigación, publicada recientemente, sobre los ricos y poderosos en la Argentina. El estudio fue volcado en el libro “¿El 99% contra el 1%? Por qué la obsesión por los ricos no sirve para combatir la desigualdad” (Siglo XXI), y su autora se llama Mariana Heredia, socióloga doctorada en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Heredia es especialista en temas de desigualdad social, docente en la UBA, la Unsam y la Universidad de San Andrés.

ADRIANA LORUSSO – Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

El “99% vs. 1%” surge de los estudios del economista francés Thomas Piketty, para dar cuenta de la acumulación económica y las diferencias entre ricos y pobres del mundo. Partiendo de esas proporciones, Heredia analiza en su libro cómo se aplican estas cifras a la Argentina y por qué los ricos locales tienen diferencias notables con los multimillonarios que analizó Piketty: no son tan poderosos, dependen de las decisiones de los gobiernos de turno y tienen fortunas ocultas, imposibles gravar.

En esta entrevista, Heredia se refiere también a las oleadas de riqueza en la historia argentina y las ventajas sociales de las elites.

NOTICIAS: ¿Quiénes son en la Argentina el uno por ciento que concentra la riqueza?

Mariana Heredia: El concepto del “1 %” proviene de los trabajos de Thomas Piketty y su equipo. Describe a una minoría que concentra las ventajas en el mundo globalizado. Sus puntos de referencia originarios fueron los países centrales. La pregunta que yo me hago en mi investigación es cuán bien “viaja” esa exportación al resto del mundo. Cuánto de esa consideración teórica y política que planteaban estos análisis originales, siguen siendo pertinentes y cuánto se pierde en el camino. El 1% de Estados Unidos o Francia son grandes contribuyentes. Hay una relación entre “rico” y “contribuyente”. Ahora, cuando uno traslada este análisis a países donde los sistemas fiscales son menos robustos, las cosas se complican.

NOTICIAS: ¿Podemos saber cuán ricos son esos ricos?

Heredia: Todos los que investigamos temas como riqueza y desigualdad nos cansamos de decir que los datos son muy malos. Que los estados perdieron capacidad de seguirle la estela a la riqueza, desde los ’70 en adelante. La otra cuestión es la tributaria, algunos sistemas tributarios se acercan más al mundo de la riqueza que otros. Y una tercera cuestión es dónde está la riqueza. Argentina y América Latina no se caracterizan por tener ricos con grandes fortunas. Los chinos y los norteamericanos son mucho más ricos. Lo que caracteriza a la Argentina es que mucha riqueza está evadida y ubicada en el extranjero.

NOTICIAS: En su libro, usted divide a los ricos de la Argentina en diferentes grupos, según las épocas en que se enriquecieron.

PABLO NERUDA: ¿EL POETA CHILENO FUE ENVENENADO?

Heredia: Una de las preguntas que uno se puede hacer, en principio, es cuánta fortuna hay que tener para ser rico. Porque todos somos “el rico” de alguien. Pueden ser los millonarios que registra Forbes. O los que pagaron el aporte a las grandes fortunas, alrededor de 10.000 personas. Esa es una primera pregunta. Otra idea que se asocia a ser rico, es haber tenido capitales y patrimonio heredado de generación en generación. Hay distintas oleadas de enriquecimiento, que tienen que ver con momentos en que surgen y se expanden grandes negocios en el país: la economía agroexportadora de fines del siglo XIX y principios del XX, la expansión de las empresas en la segunda posguerra, la privatización y las reformas que trajeron al mercado los ’90 y hoy el mundo de las nuevas tecnologías y los unicornios. En cada uno de esos momentos hay personas talentosas, ambiciosas o con suerte que logran dar un gran salto y acumular riqueza.

NOTICIAS: Hay nombres específicos que representan a estas diferentes oleadas de riqueza. La familia Braun, los Bulgheroni y, en la actualidad, Marcos Galperin.

Heredia: Ellos son los ricos de cada época. Esas tres figuras son ejemplos de tres categorías que se usaron para pensar al poder económico: la oligarquía, la burguesía nacional y los ricos de hoy, que son mucho más variopintos. Para ellos el único dato cierto es el volumen de patrimonio que acumularon.

 

NOTICIAS: Usted utiliza también el término “elite” con un sentido más amplio que el estrictamente económico.

 

Heredia: En general, las palabras que se refieren a los estratos más altos están connotadas negativamente. Como “oligarquía», o la misma palabra “rico”, “dirigentes”, “líderes empresariales”. La noción de “elite” aparece como la más imparcial. Y permite incluir a gente que detenta distinto tipo de poder: social, público, económico. Una de las cosas que me llamaba la atención cuando entrevistaba a altos ejecutivos y empresarios, es que nadie se sentía parte de la elite. Muchos vienen de familias de clase media y lo que tienen lo ganaron con esfuerzo. Además quieren despegarse de esa idea de “garca” o de “corrupto”, con el que la sociedad argentina mira a los ricos y poderosos.

 

Alejandro Bulgheroni

 

NOTICIAS: ¿Cuál es la relación de la política con los “ricos”?

 

Heredia: La política, distribuidora de recursos fundamental en la historia argentina, es una preocupación permanente para el empresariado. Los empresarios son concientes de que para la supervivencia de sus empresas, es importante tener contactos políticos o información actualizada de cómo va a ir decidiendo el ministro o el próximo candidato. Eso complica las políticas públicas, porque cualquier tarea que suponga la reducción de la desigualdad, implica una mirada de mediano o largo plazo. Estamos tan acostumbrados a vivir en la coyuntura permanente, que no nos damos cuenta de que muchas de las condiciones de vida de los argentinos dependen de decisiones que tienen una duración larga. La inestabilidad genera un capitalismo de rapiña, que estemos apurados por ganar todo lo posible y protegerlo, en lugar de pensar cómo puede eso reinvertirse y ampliarse en una economía que vaya creciendo, complejizándose. Por otra parte, hay muchas de las condiciones de vida que antes tenía la familia de Mafalda, la familia tipo de la década del ’60: el auto, la casa propia, el colegio de calidad; que hoy se fueron reduciendo a un grupo más pequeño. El trabajo en relación de dependencia es cada vez más minoritario. Muchísima menos gente va a tener una jubilación digna. Para formar parte de la zona superior de la pirámide, basta con ganar 3 salarios mínimos. En este momento, la gente se maneja en barrios, instituciones y redes cada vez más homogéneas. Sienten que están ellos y los ricos o ellos y los pobres y pierden de vista la gradación en la que se insertan. Hay gente que tienen muchos ingresos pero no pueden tener una vivienda propia o gente que heredó una gran vivienda y no puede mantenerla. Este tipo de cosas le dificultan al estado segmentar las tarifas. Porque los estratos económicos son una cosa si uno mira “patrimonio” y otra cosa si uno mira “ingresos”.

 

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NOTICIAS: ¿Esa dificultad para pensar el largo plazo está en el origen del problema de los argentinos?

 

Heredia: Argentina piensa el poder anclado en la Casa Rosada. Entonces vive las diferencias de una manera más crispada e invisibiliza otros espacios de poder muy fuertes, que se reproducen desde hace muchos años, con más perdurabilidad que la presidencia y que no están sometidos a semejantes niveles de escrutinio. Los gobernadores, la justicia, unidades autárquicas del estado que manejan grandes presupuestos y nadie sabe muy bien cómo se usa ese dinero.

 

¿El 99% conta el 1%?

 

NOTICIAS: Las elites, según usted describe en su libro, son una especie de casta que se favorece entre sí.

 

Heredia: En la medida en que la política y la economía no se manejan ni por concursos meritocráticos ni por un competencia descarnada sino por vinculos amicales que abren y cierran puertas, el que tiene una libreta de direcciones tiene un capital inmenso. Y en la medida en que esas libretas hoy se arman en los barrios cerrados, en los colegios de elite, en los grandes aglomerados urbanos, el capital social hoy es un capital central. Porque es el que te permite entrar a la política y a los buenos negocios en la Argentina.

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