Nico Valinotti habló de su último EP: “Sólo de hacer se aprende”

El notable músico local está presentando su nuevo trabajo, conceptual, con alta elaboración en estudio, que propone una fascinante amalgama de ritmos y estilos, y está disponible en todas las plataformas

 

Con muchos años de trayectoria, el músico local Nico García Valinotti viene de “echar toda la carne al asador”, según él mismo lo define, con su último trabajo, “Sólo de hacer se aprende”, un EP que agrupa cinco canciones unidas a través de un fascinante eje conceptual, amalgamando ritmos y estilos diversos, altamente elaborado en estudio con la participación de una importante cantidad de músicos invitados, incluyendo cuerdas y vientos, e instrumentos ancestrales.

Nico nos visitó en nuestros estudios de Radio Rojas, y para El Nuevo en Radio dijo que “la música apareció en mi vida cuando me di cuenta que era muy malo jugando al fútbol (risas)… En realidad en la casa de mi mamá había una guitarra que era de mi papá, estaba arriba de un placard y hacía malabares para alcanzarla, la bajaba y algo quería hacer. Mientras tanto escuchaba música, sobre todo la que escuchaba mi mamá, que pasaba por Sui Generis, Marilina Ross, lo que sonaba en ese entonces, y el primer referente terminó siendo Charly por esos casetes que iban apareciendo. Luego apareció Fito. Empecé a tocar de la mano de una amiga/hermana que es Carla, que vivía enfrente, con quien estábamos en la búsqueda de hacer algo alternativo, diferente, hasta que buscamos un profe de guitarra que fue David Centeno, que me enseñó dos acordes, que fue con los cuales hice dos canciones”.

-Después de tantos años, ¿considerás que ya definiste tu lenguaje en la música?

-Todavía no encontré mi lenguaje en la música, me está costando sangre, sudor y lágrimas (risas). Pero todo se trata de una búsqueda, sigo probando y sigo insistiendo, aunque creo que esa búsqueda no tiene un final.

Tras su primera banda formal, una de las “históricas” de la nueva oleada de bandas locales, Cumadrejas Cun Cubija, donde asumió la función de cantante, nos cuenta que “me fui a Buenos Aires a estudiar música y allí es donde me explota la cabeza, porque me encuentro con géneros y sobre todo con personajes que me llevaron a otro nivel: escuchaba tango y veía que Charly tenía mucho de eso, y fue un género que me llevó a otro camino de búsqueda”.

“Mi rol en la banda era el de cantante, pero cuando me fui a estudiar, no sé por qué motivo me anoté en guitarra. Creo que era como una cuenta pendiente, y a través de eso aparece otro universo que es el de la música orquestada, el de la armonía. Porque cuando uno canta no lo tiene o se enfoca más en lo melódico, y van surgiendo cosas más técnicas y empiezo a enfocar la música de otra manera”, añade.

En ese cometido, tras sumarse a la legendaria Escuela de Música de Avellaneda, se suma a una banda del conurbano, con la que llegó a tocar, entre otros sitios, en la mítica Cemento.

“Ya incorporado de lleno a la banda grabamos cinco temas muy buenos, pero la remábamos muy de cero porque Buenos Aires era muy despiadado, era la época pre Cromañón, donde tocábamos en unos sótanos horribles, pero a su vez hermosos, como uno que se llamaba Remeber, donde mientras tocábamos había personas que hacían malabares con fuego, sumamente peligroso, o sea que lo de Cromañón fue crónica de una muerte anunciada, porque es algo que podía pasar todos los fines de semana”, evoca el músico.

-Nunca es fácil para el músico independiente…

-Nunca se le facilita el camino al músico, está muy puesto en este lugar, del don, del oficio y el amor al arte. Casualmente Drexler dice en un tema de su último disco una frase muy particular: “cobra lo que tengas que cobrar, pero hazlo por amor al arte”. O sea que una cosa no es contraria a la otra, y en ese sentido el medio es muy ingrato. Incluso es muy difícil hasta llegar a ser un producto de la industria. De hecho en una época laburé de asistente de Los Tipitos, justo en el momento en que se vinculan con Pop Art, y va el productor a la sala en Boedo y empieza a intervenir en los ensayos, y les dice que esto no va, que lo otro tampoco, y de repente Los Tipitos pasaron a ser una banda que era solamente acústica, con ciertos arreglos vocales bien plantados, que nunca pudieron exponer, pero se transformaron en el producto estándar que son hoy, que siguen siendo buenísimos, pero suenan casi de la misma forma que otras bandas, o sea que se pierde la heterogeneidad.

-¿Cómo te nace “Sólo de hacer se aprende”?

-Es un disco en el cual tiré toda la carne al asador, desde la composición, como lo más visceral, desde las letras, con algunas cosas que hice con las guitarras eléctricas, y después le di una vuelta de rosca muy elaborada a todo lo que tiene que ver con lo que vino después de esa composición primaria. Es un disco que está muy pensado de antemano, y una vez que estuvo todo pensado, dijimos que había que divertirse. Fue así que nos metimos en el estudio de un amigo, que es Ari Shusman, que además grabó los bajos y contrabajos, y me permitió la libertad de jugar con la música. Es un disco en el cual toda la sección rítmica está grabado con percusiones en su gran mayoría ancestrales, percusión de mano, con bombos y cajas chayeras, con tres percusionistas que tocaron en simultáneo siempre y se grabaron en capas hasta tres veces, o sea que hay temas que tienen hasta nueve percusionistas grabando al mismo tiempo. Con el productor, que es Javier Mareco, un amigo y una bestia total de la música, usamos la filosofía de ir a flashear, o sea que le metimos una orquesta de cuerdas, llamamos un chelista, un quinteto, una línea de viento, sumamos un trompetista, un saxofonista que también toca la flauta traversa, unos bandoneones, un poco de todo. Las ideas primarias salieron un poco jugando, pero luego empezamos a aplicar técnicas de composición como cambiar los tiempos, hacer que los tiempos coincidan, a darle forma a los tiempos verbales, repetir estribillos, componer diferentes melodías. En medio de todo ese juego también aparece la frustración porque hay canciones que las pensas como divinas y después a lo mejor son cualquier cosa.

-¿Sos crítico de tu propio trabajo?

-¡Soy infumable..! (risas) Soy más crítico de lo que me gustaría, y muchas veces la autocrítica me lleva a descartar cosas que a lo mejor, luego de un tiempo, las encuentro en la compu y me parece que no eran una basura, pero que ya no las voy a tocar…

-¿Cómo laburás a la hora de componer?

-Voy jugando con las letras y también con la guitarra, y va saliendo todo junto. Quizás lo primero que sale es la música, pero no me pasa que tengo la música y le agrego la letra, nunca pude hacer eso, y quizás por eso nunca le pude poner música a letras de otras personas. No sé bien de qué hablo cuando escribo, porque no soy muy sensorial, soy más bien práctico pero metafórico, como que quiero decir tal cosa, pero no la quiero decir.

-¿Y cuál es tu apreciación de “Sólo…” ahora, a la distancia, con el tabajo editado y publicado…?

-Me siento muy satisfecho. Nunca había logrado hacer algo que refleje tanto el deseo que tenía cuando arranqué. Incluso las personas que me ayudaron, que son unos grandes músicos, me decían que estaba increíble. Además me di el gusto de que participen muchos músicos, y termina siendo como mi despedida de Buenos Aires, donde he juntado veinte músicos para solo cinco temas. El disco está en Spotify y casi todas las plataformas, en tanto en YouTube no están todos los temas aún, porque lo hicimos con un diseñador y entre tanto viaje que hubo en los últimos tiempos me quedaron dos canciones sin subir, pero sí están todas las demás. “Sólo de hacer se aprende” es un concepto, me resisto al single, y por eso es que para este disco estuvo todo pensado. Incluso me hubiera gustado grabar un solo track de veinte minutos, pero por cuestiones más estratégicas lo dividimos. La presentación en vivo sería complicada por la cantidad de músicos que hay, pero también por el poco público (risas). Por eso una de las cosas lindas de tocar solo es que hay más gente abajo que arriba (risas). Mientras tanto si hago presentaciones, como una que hice hace poco en Rojas con un DJ, ya que el hecho de grabar este disco también me metió en la música electrónica, y darme cuenta que, con mis limitadas condiciones para adaptarme a lo nuevo, que la electrónica no es punchi-punchi y nada más,  que hay mucho por detrás. Por eso conocí gente como Nico Gallardo, un chileno que hace  cosas magníficas. Entonces me metí en ese universo y estoy involucrándome en la música electrónica, que creo que es el mismo rock que ha mutado.

«Ahora estoy empezando a reencontrarme con la guitarra como instrumento, toco la viola solo, me siento cómodo y es lo que más hice a lo largo de mi vida, más allá que me gusta el concepto de banda. Por eso un anhelo que tengo sería juntar una banda grande y salir a tocar, pensar colectivamente el proyecto y no caer con un disco que está armado en tres días, que puede sonar increíble, pero termina imponiéndose mi idea y luego los demás sólo colaboraron…»

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