SANTIAGO BRAMATI Y ERICA MORENO

“La biodanza, más que terapia es una herramienta de vida”

Santiago y Erica, compañeros de trabajo y de vida, estuvieron en los estudios de Radio Rojas donde nos brindaron una amena e interesantísima entrevista al respecto de la especialidad que ambos desarrollan

 

Santiago Bramati y Erica Moreno, compañeros de trabajo y de vida, estuvieron en los estudios de Radio Rojas donde, en El Nuevo en Radio, nos brindaron una amena e interesantísima entrevista al respecto de la especialidad que ambos desarrollan: la biodanza.

¿De qué se trata la biodanza? Según Erica, “la biodanza es un estilo de vida, una elección, despertar la alegría de vivir y poder llevarlo a lo cotidiano, poco a poco, hasta que se vuelve un minuto a minuto que llega a estar todo el tiempo presente, porque es danzar tu vida. Más que una terapia es una herramienta de vida ya que a través de lo que trabajás y de tu proceso individual y de la conexión con otros vas encontrando diferentes herramientas en el salón y luego en la vida con los seres queridos”.

En ese sentido, Santiago nos cuenta su acercamiento a la biodanza: “Estaba estudiando, ya me había recibido (es kinesiólogo) y empecé a incursionar en el reiki y una compañera me convenció para ir a biodanza. Yo tenía mis prejuicios desde mi lado de hombre, era como que me costaba el hecho de ir a bailar, pero me decía que iba a conectar con la alegría, con el disfrute de vida, y así que fue arranqué hace varios años y lo fui adoptando como un estilo de vida”.

Fue un momento clave también para ambos como compañeros: “Nos conocimos a través de su otro amor, que es la kinesiología. El trató a mis hermanos gemelos, y al año de estar juntos comenzamos los dos con la biodanza, que viene a ser nuestro tercer amor, porque nos ha ayudado a nosotros, a mí con 19 años, él con 25, y hemos crecido. Incluso nuestra relación fue creciendo junto al sistema en el proceso individual de cada uno”, explica Erica.

Y así, “cuando nos mudamos a Rojas nos preguntábamos cómo sería dar biodanza aquí, es como que pensaba en lo personal que no funcionaría, quizás por ciertos prejuicios que uno tiene, hasta que nos animamos, porque está bueno traer a su lugar lo que uno aprendió, además amo a Rojas y considero que es un paraíso, es el lugar donde crecí y me crie. Y nos vinimos, y fuimos creciendo con el tiempo, tanto es así que hoy tenemos dos grupos acá y uno en Pergamino, viendo que las personas que se acercan están viviendo un proceso individual y grupal de mucha transformación, de mucha conexión con uno mismo, de mucha conexión con el otro, a través de la empatía, del feedback, y con mucha aceptación”, comenta por su parte Santiago.

Pero, ¿cómo se conecta alguien con la biodanza?¿hay que tener algún conocimiento previo? Erica responde: “Siempre decimos que la primera clase de biodanza te deja con ese impasse de preguntarte qué hice, y mientras menos te pongas en pensamiento, mejor (risas). Por eso ponemos en nuestros flyers que se contacten con nosotros para que les expliquemos, y siempre les decimos que les vamos a convidar con una serie de diez o doce ejercicios, y tiene esta particularidad que mencionaba anteriormente de no ir con el pensamiento porque lo que no tenés ganas de hacer no lo hacés. Es el primer indicio que te da el sistema: de dejar de hacer cosas para tu vida que la intoxican o la contaminan, y vengan a empoderar el sentir, ya que lo que buscamos con biodanza es integrar el pensamiento, el sentir y el hacer en la vida. Es un sistema que te convida a eso y no es necesario saber bailar, aunque supuestamente te convidamos a bailar (risas)”.

Santiago, por su parte, agrega que la biodanza “no tiene límite de edad; nosotros decimos que se puede hacer de 18 en adelante, porque tenemos esta posibilidad de entender que uno está en constante aprendizaje, en constante desarrollo, y venir a biodanza es despertar, salir de la pereza mental. Entonces nos convida a sentir, sobre todo cuando estamos viviendo en una sociedad que está muy desintegrada en el sentir, en el pensar y en el hacer. Por ejemplo tengo ganas de comer un helado y no lo hago porque engorda, entonces me como una barrita de cereal. Entonces pensé una cosa, sentí otra y fui por un lado diferente, y lo hice más desde la cabeza, y esto no solo pasa con un simple helado”. Y comenta: “Quienes van a biodanza también nos cuentan sus cosas cotidianas, porque también somos una compañía en esto del sentir, y cuando vos te ponés a sentir pasan cosas increíbles, y allí es cuando nosotros le decimos que lo dancen, y no se trata de que te ponés a bailar, sino que son ejercicios integradores, que conectan todo el sentir, el pensar y el hacer”.

Erica, por su parte, explica cómo nace la biodanza: “Rolando Toro Araneda es el creador de este sistema. Es psicólogo, poeta, pintor, un personaje precioso, muy rico en conceptos, y lo que ha generado de interesante con esta propuesta es que es un sistema que integra, que se puede integrar al yoga, a la vida, a cualquier profesión, porque trabaja lo que es la integridad dentro de la convivencia entre nosotros. Es un sistema que fue recapitulando de muchísimos otros sistemas. La biodanza dice que solos no llegamos a ningún lugar, que una terapia o un proceso en soledad no llega a ser el mismo que potenciado por un grupo, recibiendo esas noticias que te da el otro. En la biodanza estás en tu propio mundo y a su vez estás en el mundo de los demás, y el ambiente nutricio, como lo llamamos nosotros, es el que sostiene esta integración entre lo que pensás, lo que sentís y lo que hacés”.

Santiago coincide con esta definición y agrega que “se busca mantener la progresividad, el cuidado, los valores, trabajar desde esos lugares con las personas, porque somos seres humanos y necesitamos del otro. Y allí surge la propuesta de salir del super héroe, del que todo lo puede, y te llevamos al compartir, al caminar junto a otros, a escucharnos. Es muy interesante cuando empiezan a suceder esas transformaciones en las personas”.

En este sentido, Erica explica que “este proceso lo vamos potenciando a partir de lo que nosotros vivimos, porque la biodanza es una formación que, si no lo has danzado vos mismo durante años, no se puede brindar. Y es muy lindo cuando vas reconectando con las personas desde cuando ingresan y lo que van creciendo durante el proceso. Conocemos bien que nuestro cuerpo habla, porque podemos estar con una sonrisa, tener un buen trato y demás, pero podemos tener un montón de sentimientos y emociones encontradas, y verdaderamente que las personas empiecen a decir que sí porque tienen el deseo de decirlo, y también cuándo decir no, que es una palabra muy sabia, nos permite encontrar los límites, el saber hasta dónde”.

Para ello, continúa, “nos apoyamos en la creación de un ambiente, con música, que en biodanza llamamos los siete poderes, donde no solo está la música, sino también la caricia, el trato, la regresión, donde es el grupo el que te va indicando por dónde podés ir. Por ejemplo las problemáticas que van surgiendo, las cuestiones individuales que van apareciendo, son las cosas que nos van guiando para saber qué tipo de ejercicios podemos ir armando desde la planificación”.

Y agrega: “Biodanza también es un sistema que nos adentra en el potencial genético que tenemos todos, a partir de lo diferente que intentamos vivir hoy en día. Veo que mucha gente se esfuerza por ser diferente a tal o cual, cuando en realidad lo rico de la vida pasa por ser cómo es cada uno. Por eso buscamos rescatar nuestra propia humanidad, y en este caso entremos en un feedback amoroso-afectivo con el otro, y es el amor justamente el que nos está rescatando todo el tiempo, y la biodanza reconoce en cada uno de nosotros como seres vivos y humanos ese potencial genético que trabaja con la afectividad, la creatividad, la vitalidad, la sexualidad y la trascendencia. Esas cinco líneas de vivencias aparecen en todos nosotros y son como nuestros talones o caballos salvajes que van siendo potenciados en diferentes etapas de nuestras vidas. A veces creemos que la sexualidad es en la adolescencia cuando se enciende, pero en realidad es hasta que nos morimos. Somos animalitos hermosamente sintientes, con esta piel preciosa que tenemos y que capta todo a nuestro alrededor. Estos procesos necesitan un momento de reciclaje, porque muchas veces te encontrás con cosas que te encantan y otras que no tanto, que durante el año las vamos sosteniendo nosotros en el grupo mediante el acompañamiento, pero necesita reciclar porque de lo contrario te metés en una mecanización del hacer y hasta lo que más amás lo terminás mecanizando, y de lo que se trata es de evitar esa clase de situaciones”.

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