Por Agencia DIB
El bienestar animal se consolida como un factor central en la sustentabilidad de los sistemas productivos, al vincular de manera directa la salud de los rumiantes con la eficiencia económica, el impacto ambiental y las exigencias sociales.
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Distintos estudios indican que mejores condiciones de vida reducen el estrés y la incidencia de enfermedades, lo que se traduce en mayor productividad y menor uso de medicamentos. En tambos, por ejemplo, un mayor bienestar se asocia con más producción de leche y menores costos sanitarios.
A nivel global, un informe de Oxford Analytics (2021) señala que una tasa de vacunación del 60% en bovinos puede incrementar la productividad en más del 50%, mientras que la reducción de enfermedades también contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Especialistas destacan que el bienestar animal impacta de forma transversal en los tres pilares de la sustentabilidad. En ese sentido, el veterinario español, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Xavier Manteca, subrayó que su mejora incrementa la rentabilidad y ayuda a reducir zoonosis y el uso de antimicrobianos, además de remarcar la importancia de la capacitación del personal.
Desde una mirada integral, el enfoque incluye nutrición, manejo, ambiente y sanidad. En este proceso, el rol del veterinario resulta clave para aplicar buenas prácticas y aprovechar tecnologías que permitan monitorear la salud animal y anticipar problemas. En términos ambientales, animales más sanos y bien manejados permiten una mayor eficiencia en el uso de recursos y una menor huella de carbono por unidad producida.
“Algo que tenemos cada vez más claro es que el bienestar animal debe abordarse como una estrategia integral y no como una serie de prácticas aisladas. Esto implica considerar factores como la nutrición, el manejo, el ambiente y la sanidad, integrándolos en sistemas de producción que prioricen tanto la eficiencia como la ética en el trato hacia los animales”, detalló Martín Meier, Business Unit Manager Livestock de Boehringer Ingelheim.
De este modo, el bienestar animal deja de ser una práctica aislada y se posiciona como un componente estructural de la producción agropecuaria, con impacto directo en la seguridad alimentaria y la salud pública. “La intervención del veterinario permite traducir los principios de bienestar en prácticas concretas dentro de los establecimientos productivos, facilitando el alcance de estándares sanitarios y productivos más elevados y sostenibles”, destacó por su parte Roberto Albergucci, médico veterinario.
Finalmente, la ingeniera agrónoma Verónica Aimar aseguró que, desde el punto de vista ambiental, el bienestar animal se asocia con una mayor eficiencia en el uso de los recursos: “Animales sanos y bien manejados son más productivos y eficientes, lo que permite reducir la huella de carbono por unidad de producto”.




