Tragedia en la Escuela de Santa Fe: ¿Caso aislado o un signo de alerta?

El hecho ocurrido en la Escuela de San Cristóbal, donde un alumno de 15 años mató a balazos a otro de 13, conmocionó al país y generó debates de todo tipo respecto al momento que estamos viviendo como sociedad. La mirada de Federico Castellano, Inspector Jefe Regional, Gabriela Rivas, Inspectora de Psicología Social y Pedagogía Comunitaria, y Javier Lazzatti, psicólogo.

Todo el país comenzó la semana envuelto por la conmoción que generó la tragedia ocurrida en la mañana del lunes en un establecimiento educativo de la provincia de Santa Fe, más precisamente en la Escuela Nro. 40 de la ciudad de San Cristóbal, donde un alumno de 15 años ingresó con un arma al baño del establecimiento y empezó a efectuar disparos contra otros estudiantes, matando a un compañero de 13 años.

Los medios nacionales hicieron eco inmediatamente de la información, que fue vertiente de opiniones de todo tipo, no solamente respecto a lo que sucede en el plano educativo, sino también en el contexto que estamos atravesando como sociedad, donde la violencia es una constante en diferentes ámbitos.

Sin dudas que este hecho invita a todos a reflexionar sobre lo que está pasando en la sociedad, la manera en que vivimos, en la que reaccionamos y cuales son los puntos a tocar para torcer este rumbo.

Federico Castellano, Inspector Jefe Regional, y Gabriela Rivas, Inspectora en Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, y Javier Lazzatti, Psicólogo, fueron a quienes convocamos para ofrecer una mirada profunda sobre el tema, poniendo ambos el foco en el compromiso que debemos asumir como comunidad para evitar este tipo de conflictos que cada vez se van tornando más graves.

La reflexión de Federico Castellano, Inspector Jefe Regional

Federico Castellano reconoció que “fue un día muy triste, para quienes elegimos la docencia no deja de preocuparnos sobremanera, porque sabemos que lo sucedido en la escuela de Santa Fe es una situación que podría haber ocurrido en cualquier colegio del país“.

“En este marco hay que hacer un llamado a la convocatoria permanente de reforzar el trabajo que hacemos todos los días en las escuelas, lo que hacen directoras, directores, maestros, equipos de orientación, profesores, incluso los auxiliares que con mirada atenta están captando lo que les sucede a nuestros jóvenes y viendo de que forma se puede hacer que la vida en las aulas sea cada día más agradable“, sostuvo.

“Invitamos no solamente a estos actores al compromiso, sino también a todos quienes forman parte de una comunidad, porque es claro que la escuela sola no puede, por eso consideramos que hay que reforzar el trabajo con corresponsabilidad, con otros efectores, por ejemplo el área de salud y puntualmente de salud mental de cada municipio“, señaló el Inspector Jefe Regional.

Además manifestó que “con estas áreas y con Región Sanitaria tenemos que construir esta tarea, que no tiene un único camino, porque no hay una sola manera de llegar a todas las juventudes, por eso hay que ir encontrando espacios de participación, donde los jóvenes se puedan expresar en las escuelas y nosotros como adultos estemos atentos con mirada y escucha para saber de eso que puede parecer insignificante, pero que muchas veces puede conducir a un escenario no deseado“.

“La participación de la familia, de la comunidad educativa y de la comunidad en general tiene que ser relevante, ese es el desafío de este tiempo, más aún cuando estamos transitando una situación social que a mi juicio, por el recorrido que hago por la escuelas, que está presentando aspectos que llaman poderosamente la atención, que hacen a la ruptura de los lazos sociales, por eso hay que poner como eje ese acercamiento de todas las partes para construir las bases que nos permitan relacionarnos de otra manera“, completó.

Gabriela Rivas, Inspectora de Psicología Social y Pedagogía Comunitaria, aportò su mirada

Por otro lado, Gabriela Rivas, Inspectora de Psicología Social y Pedagogía Comunitaria, apuntó que “a partir de esta situación y pensando en lo que pasó en Santa Fe, se empezó a tratar el caso desde diferentes ámbitos en los medios, por un lado se habló de bullying u hostigamiento, que no es algo nuevo para quienes trabajamos en educación, aunque si el hecho de referirse al fallecimiento de un joven de 13 años en manos de un compañero de 15 no es habitual ni esperado, ni que sucede todos los días“.

“Hablar de violencias, de como la misma irrumpe en las instituciones educativas si es algo que nos convoca a trabajar todos los días en cada escuela, en cada jardín, en cada entidad del distrito“, apuntó, añadiendo que “en el contexto complejo que estamos, porque no hablamos de violencia solo en el plano escolar, sabemos que la violencia atraviesa las comunidades e impacta en las instituciones educativas”.

La Licenciada sostuvo que “es cierto que desde la modalidad se trabaja mucho para prevenir situaciones de violencia y para trabajar cuando estas suceden, y ojalá que no tengamos que atravesar nunca un hecho así, aunque si hay que tenerlo como referencia para seguir trabajando en salud mental, en el vínculo entre las escuelas y las familias“.

Consideró también que “el entramado de redes, entre instituciones e intersectorial es fundamental, de hecho en el distrito no estamos solo trabajando con el CPA, que se trabaja en el nivel secundario sobre un programa que es sobre la salud mental de todos y todas, que también se aborda en el nivel primario, en este orden sobre la construcción de una mirada de cuidado, y estamos viendo la manera de sumar al área de salud mental del municipio para que seamos más trabajando sobre lo mismo“.

Gabriela Rivas apuntó que “así como es importante atender la salud física es igual de importante atender la salud mental, y no es simplemente hablar de patologías, sino de la manera en como mirar a un estudiante, en tratar de notar si está triste, si está eufórico, y no hay que ser un especialista para detectar si algo diferente está sucediendo, pero es importante ver ese tipo de cuestiones“.

“No son solo las familias en situación de vulnerabilidad las que están mal -subrayó Rivas-, la realidad es que la violencia atraviesa a todos, y en el plano educativo resuena aún más, y es allí desde donde tenemos que trabajar en intervenciones desde la anticipación y ni hablar cuando ya detectamos alguna situación que amerite ser escuchada, compartida, para empezar a actuar en consecuencia lo más rápido posible“.

El punto de vista del Psicólogo Javier Lazzati.

“Lo que pasó en San Cristóbal no se puede leer solo como un hecho aislado o “inexplicable”. Desde lo clínico, estos episodios suelen aparecer cuando hay algo que viene acumulándose hace tiempo y no encontró lugar para ser tramitado. No es de un día para el otro. Hay un malestar que se va cerrando sobre sí mismo hasta que, en algún punto, se desborda”, expresó el reconocido profesional de la psicología Javier Lazzatt.

Consideró que “en la adolescencia esto es especialmente sensible. Es una etapa donde todo se vive con mucha intensidad y donde todavía no siempre están disponibles los recursos para poner en palabras lo que pasa. Cuando no hay alguien que escuche de verdad —no solo oír, sino alojar— lo que queda es muchas veces la actuación. Y el pasaje al acto no es comunicación, es justamente lo contrario: es cuando ya no se pudo decir de otra manera”.

“También es importante no caer en explicaciones rápidas. Siempre hay un entramado: vínculos, escuela, familia, contexto. Cuando miramos solo a un “responsable”, perdemos la posibilidad de entender qué falló alrededor”, apuntó.

Además, señaló que “hay algo que aparece mucho en estos casos, que es la sensación de desconexión. Chicos que están, pero no se sienten vistos. Que conviven, pero no se sienten parte. Y eso, sostenido en el tiempo, pesa. Y ayuda a entender por dónde empezar a intervenir”.

“Como profesionales, creo que el punto no es solo reaccionar cuando pasa algo así, sino llegar antes. Eso implica generar espacios donde la palabra tenga lugar real, no solo formal. Donde los adultos puedan tolerar lo incómodo sin apurarse a corregir o minimizar. Y donde podamos leer señales que a veces son sutiles, pero están. Y hay algo más que no conviene pasar por alto: el lugar de los adultos como referencia. No desde el control o la sanción, sino desde la disponibilidad real. Muchas veces los chicos no necesitan respuestas perfectas, necesitan presencia sostenida”, expresó.

En este marco consideró que “Un adulto que registre, que nombre lo que ve, que pueda intervenir antes de que el malestar escale. Eso implica también revisar nuestras propias dificultades para escuchar lo que incomoda, porque no siempre es fácil alojar angustia, enojo o retraimiento sin querer “ordenarlo” rápido. Pero ahí es donde se juega mucho”.

“Prevenir no es anticipar el hecho extremo, es construir condiciones donde alguien pueda decir “esto me está pasando” y encontrar del otro lado a alguien que efectivamente esté dispuesto a escuchar. Porque cuando no hay palabra, aparece el acto. Y cuando el acto irrumpe de esta manera, lo que vemos es el final de una cadena que empezó mucho antes. Ahí es donde tenemos que poner el foco si de verdad queremos prevenir”, concluyó.

Compartir esta nota