Por Agencia DIB
@turismopba
«Y con el buche bien lleno era cosa de mirar, salir al campo a trabajar pero rumbiao pa’ la pulpería». Éste es uno de los tantos versos del Martín Fierro en el que aparecen las pulperías bonaerenses. Un siglo y medio después, la tradición se mantiene en el territorio provincial.
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Entre caminos rurales, pueblos que conservan su ritmo propio y mesas donde el tiempo se estira sin culpa, aquí cuatro pulperías y almacenes de ramos generales de la provincia de Buenos Aires siguen funcionando como faros de identidad, en Bolívar, San Antonio de Areco, Coronel Suárez y Chivilcoy.
Pulpería Mira Mar, en Bolívar
Su historia se remonta a fines del siglo XIX, cuando la familia Urrutia comenzó a escribir un capítulo que todavía continúa. Pulpería Mira Mar -@pulperiamira_mar- es una de las últimas de su estilo que se mantienen en la Provincia de Buenos Aires.
“Don Mariano Urrutia, mi bisabuelo, llegó de San Sebastián en 1876. En 1884 compró estas tierras y comenzó a construir la pulpería. Desde entonces, la historia de nuestra familia está unida a este lugar”, recuerda Juan Carlos Urrutia, su actual propietario.
A lo largo de generaciones, el edificio fue almacén de ramos generales, punto de abastecimiento y centro social. Conservando su esencia se transforma en una gran experiencia para el turismo. “Además de ser pulpería, es un museo: acá está parte de la historia del pueblo, con pisos y paredes de barro originales y objetos de época”, agrega Urrutia. “Y las mesas para las picadas, empanadas, asados y busecas son grandes para que se sienten todos juntos, compartan la comida y las experiencias”.




