Por Agencia DIB
Este fin de semana, los 200 habitantes del pueblo turístico de Pardo, en el partido de Las Flores, estarán de fiesta con la celebración de sus 150 años, con música, desfiles criollos y, por supuesto, buena comida. Aunque, en realidad, nunca fue fundado.
Pardo creció, como tantos otros pueblos de la provincia, alrededor de la estación del Ferrocarril del Sud, en el tramo que unía Altamirano con Las Flores. La fecha del 18 de septiembre de 1876 corresponde a la aprobación de los planos de la traza definitiva y la toma de posesión oficial de los terrenos de la estación por parte de la empresa ferroviaria; ese día el asentamiento tomó formalmente el nombre de Estación Pardo en homenaje a Lino Pardo, un vecino y hacendado de la zona que en la segunda mitad del siglo XIX, donó tierras de su propiedad para que pasaran las vías y se construyera la parada ferroviaria.
Los pioneros de apellido Bioy
Los amigos Jorge Luis y Adofito, en la estancia de Pardo.
Archivo. Imagen mejorada con IA
Cuarenta y un años antes, en 1835, un inmigrante francés, Juan Bautista Bioy, le compró unos campos a Lino Pardo -la Estancia Rincón Viejo- que en su mayor esplendor -cuando la administraba Adolfo Bioy Domecq, el padre del autor de “La invención de Morel”, escrito precisamente en Pardo en 1940- llegó a tener más de 3.500 hectáreas.
Pardo, cuna literaria
En Rincón Viejo, a menos de dos kilómetros de la estación, hacia 1937, Adolfito Bioy Casares y su gran amigo, Jorge Luis Borges, se radicaron un largo tiempo para recuperar la inspiración que dio origen a las obras de Honorio Bustos Domecq, un seudónimo que no surgió al azar. Era la combinación de apellidos de antepasados: Manuel Justo Bustos, un tatarabuelo cordobés por parte de la madre de Jorge Luis, Leonor Acevedo Suárez; y Marta Domecq, la bisabuela de Adolfo por vía paterna. Y Honorio, porque les pareció dignamente pomposo. En 1942, Bustos Domecq publicó “Seis problemas para don Isidro Parodi”.
Bioy y Silvina en Rincón Viejo.
Archivo. Imagen mejorada con IA.
Dos años antes de este genial libro de cuentos policiales y tras siete años de noviazgo, Bioy y Silvina Ocampo se casaron. La fiesta fue en Rincón Viejo, por supuesto. y Jorge Luis fue el padrino, por supuesto.
En esa estancia Bioy comenzó a escribir “La invención de Morel”; Borges lo cita en uno de sus grandes cuentos, “El Sur»; y Pardo aparece en “Viaje olvidado” y “Autobiografía de Irene”, dos libros de Silvina Ocampo.




