Una carabela frente a la aldea que hacia fines del siglo XVI en el recuerdo del Día de la Industria.

Día de la Industria Nacional: por qué se celebra el 2 de septiembre

Una carabela frente a la aldea que hacia fines del siglo XVI en el recuerdo del Día de la Industria.

El origen del Día de la Industria Nacional es un hecho sucedido hace “apenas” 439 años: el primer registro histórico de una exportación de bienes elaborados desde el territorio argentino hacia el exterior -más precisamente a San Salvador de Bahía- ocurrido en 1587. Esto significa que allá por el siglo XVI, Brasil ya era nuestro principal “socio comercial”.

De la jovencísima Buenos Aires -había sido refundada por Juan de Garay en 1580- zarpó del fondeadero del Riachuelo la carabela San Antonio, al mando del capitán Antonio Pereira, un portugués que había llegado a la naciente aldea con la intención de hacer rápidamente una fortuna, sin importar como.

De la misteriosa Buenos Aires

La Ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre tenía un nombre demasiado ostentoso para las 300 personas que la habitaban. La mayoría de los pobladores fundadores eran criollos y mestizos formados llegados de Asunción. Diseñada por Garay, la traza de Buenos Aires era un damero de unas 15 cuadras de norte a sur por 9 de este a oeste. Sin embargo, la mayor parte de esas manzanas eran terrenos baldíos, huertas o áreas de pastoreo.

Obviamente tampoco había puerto. Las naves fondeaban lejos de la costa y tanto pasajeros como productos se acercaban en carros tirados por bueyes que tenía el agua marrón del río hasta el cuello.

Industria, exportación y Brasil

La carabela San Antonio llevaba un cargamento de productos manufacturados en el actual Noroeste Argentino (principalmente de la gobernación del Tucumán), que incluía lienzos de algodón, bolsas de harina, paños, frazadas y prendas de vestir.

Según el Manifiesto de Carga de la nave, el envío estaba compuesto por “7.588 varas de lienzo (unos 6.300 metros), 38 frazadas de lana, 212 sombreros, 526 cordovanes (cuero curtido procesados), 160 arrobas de lana (aproximadamente 1.800 kg), además de harinas y sacos de tejido de algodón”.

A bordo de la San Antonio, además del capitán Pereira, viajaban una veintena de marineros, agentes encargados de la venta de los productos en San Salvador de Bahía y de la compra de manufacturas y esclavos africanos para el viaje de regreso; y enviados del obispado de Tucumán -Fray Francisco de Victoria- que debían fiscalizar la carga legal.

Tudo bem, no tudo legal

Claro que ocultos entre los fardos de tela, los sombreros, los cueros y sacos de harina se estima que había unos 40.000 pesos en barras de plata e hilos del metal, traídos de las minas de Potosí sin pagar los quintos reales ni contar con la autorización de la Corona Española para exportarlos por el Atlántico. Léase, contrabando.

La maniobra fue descubierta al llegar a destino, lo que derivó en un proceso judicial contra Fray Francisco de Victoria (promotor de la carga), y otros comerciantes involucrados. El obispo había organizo la red de producción textil en Santiago del Estero y Córdoba, el transporte en carretas hasta el puerto de Buenos Aires y la venta en Brasil para, al mismo tiempo, obtener licencias de importación de esclavos e insumos. Y también, como vimos, contrabandear plata de las minas del Alto Perú.

Los primeros esclavos

A su retorno al Río de la Plata en 1588, la San Antonio no solo trajo divisas e insumos para la colonia, sino que introdujo legalmente el primer cargamento de esclavos africanos al puerto de Buenos Aires, inaugurando la ruta comercial triangular del Atlántico Sur.

Con ese trasfondo, el 2 de septiembre quedó establecido institucionalmente como el símbolo del nacimiento de la actividad productiva manufacturera en el país. Aunque también del contrabando y la trata de esclavos.

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