Adrián Belinche
Plaza Moreno será escenario de una competencia que, hasta hace semanas, hubiera resultado difícil de explicar sin recurrir a un diccionario de redes sociales: una batalla para “farmear aura”. La convocatoria está prevista para este sábado 22 de agosto a las 15, impulsada desde TikTok y ya anunciada como un encuentro presencial en el centro geográfico de La Plata.
La palabra que organiza todo es “aura”. No se trata de algo que pueda medirse, pesarse o demostrarse. Es una especie de prestigio instantáneo, una combinación de actitud, presencia, estilo, seguridad y capacidad para llamar la atención. “Farmear”, en cambio, viene del universo de los videojuegos y del inglés granja (por su relación a cultivar o cosechar): acumular recursos, repetir determinadas acciones y conseguir recompensas.
La traducción sería algo así como acumular aura.
¿Cómo? Ahí empieza el misterio.
Porque quienes participan de estas batallas pueden enfrentarse en una plaza, frente a un grupo de espectadores, y la competencia consiste esencialmente en ver quién consigue proyectar más presencia. Hay gestos, poses, movimientos, actitudes y una cierta teatralidad. Pero, a diferencia de otras batallas que durante años poblaron plazas, escenarios y redes, acá puede ocurrir algo todavía más llamativo: no hace falta hablar.
Y justamente ahí parece estar el chiste.
Antes había que saber hacer algo
La historia de los duelos entre dos personas que buscan imponerse frente a un público es bastante más antigua que TikTok.
En la tradición argentina, uno de los ejemplos más conocidos es la payada de contrapunto. Dos personas se enfrentaban, pero el arma era otra: la guitarra, la rima, la improvisación, la memoria y la capacidad de responder al adversario. La payada podía convertirse en un verdadero duelo de ingenio.
No hace falta ir demasiado lejos para encontrar el ejemplo perfecto. En La vuelta de Martín Fierro, José Hernández convirtió el contrapunto entre Fierro y el Moreno en uno de los episodios centrales del poema. Allí el enfrentamiento que en otros momentos de la historia de Fierro podía resolverse mediante la violencia física se transforma en un duelo de conocimiento, ingenio y vuelo poético.
Mucho antes de que alguien pudiera “farmear aura”, había que saber qué decir.
Y no era sencillo.
Había que improvisar versos, respetar una estructura, responder preguntas, encontrar una rima y, además, hacerlo delante de un público que podía determinar quién había sido mejor. En el caso de Gabino Ezeiza, uno de los grandes nombres de la tradición, los contrapuntos llegaron a convertirse en acontecimientos multitudinarios.
Después llegaron otras formas de duelo artístico. La canción, el rap, el freestyle. Durante años las plazas fueron también escenario de enfrentamientos en los que dos personas intentaban demostrar que podían ser más rápidas, más ingeniosas o más creativas que la otra.




