Por Ana Roche
Como cada 8 de mayo, con gran alegría y esperanza la comunidad de la ciudad de Luján celebra el día de la Virgen, Madre del pueblo argentino. Los festejos comenzaron con la Vigilia de Oración a la Virgen en la Basílica de Luján y el Rezo del Rosario de las Luces desde las 23 del jueves 7.
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A la medianoche, el Coro Municipal «Ernesto Storani», con la participación del Coro de Niños, interpretó el Ave María. Y a las 7.30, también en la Basílica, hubo una oración de Laudes.
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Un día de celebración
Misas: se celebrarán durante todo el viernes, en los mismos horarios que los días domingo, a las 8, a las 9:30, a las 11, a las 13 a las 15 a las 17 y a las 19.
En comunión, la Santa Misa de las 15 será presidida por nuestro Padre Obispo Jorge Eduardo Scheinig, arzobispo de Mercedes – Luján, concelebrada por monseñor Mauricio Landra, obispo auxiliar.
En esta ocasión las oraciones serán en especial intención en acción de gracias por el magisterio y vida del Papa Francisco. La comunidad rezará también por la Madre de Luján, Madre de Jesús y de la Iglesia, por la paz mundial y por el Pueblo Argentino.
La historia de la Virgen de Luján
Proveniente de Brasil, en 1630 arribó un barco con dos imágenes de la Virgen al puerto de Santa María de los Buenos Aires a pedido de Faría de Sá, quien quería rendirle culto a la Madre en la capilla que estaba construyendo en su estancia en Sumampa, provincia argentina de Santiago del Estero.
La carga destinada a aquel marino debió superar varios inconvenientes en el puerto. Finalmente, el amigo de Faría de Sá, Andrea Juan, buscó una tropa de carretas y partió hacia el norte argentino. Fue durante la primera quincena de mayo de 1630.
El Negro Manuel
La primera noche, la caravana paró en lo que hoy se conoce como Paso Morales, en el Partido de Hurlingham. El atardecer del segundo día, el convoy se detuvo en la estancia de Rosendo, ubicada frente al río Luján. Allí ya estaba el Negro Manuel, a quien Andrea Juan había comprado en Brasil.
La noche fue tranquila. El problema se presentó cuando los hombres quisieron proseguir la marcha hacia Sumampa. No podían mover ni un paso los bueyes. Así, se dispusieron a repasar la carga que llevaban.
Fue entonces cuando el Negro Manuel pidió que retiren del carretón a una de las cajas. Pero fue en vano, porque los bueyes no podían avanzar. Volvió a intervenir el Negro Manuel sugiriendo que se cambien los cajones de madera. Así lo hicieron, subieron el cajón y bajaron el otro. Luego de esa decisión, los animales tiraron del carretón sin dificultad. Los traperos y el personal de la estancia de Rosendo se quedaron atónitos ante lo que consideraron el milagro de la carreta.
Desde un impulso de fe, Manuel pidió que la imagen de la Virgen guardada en ese cajón se quedara allí. Al abrir la caja se encontraron con una bella imagen de la María Santísima en su advocación de la Purísima Concepción. Desde ese momento Manuel prometió con su corazón no separarse jamás de la Virgen.
Un acto de fe que trascendió al mundo
La anécdota de las carretas comenzó a comentarse de boca en boca y los peregrinos comenzaron a acercarse a la zona para venerar la imagen de la virgen. Debido a la cantidad de feligreses que llegaban, se levantó una pequeña capilla que el propio Negro Manuel cuidaba.
Con el tiempo, una vecina llamada Ana de Mattos, logró que le autoricen reubicar a la Virgen en una nueva capilla. Para poder trasladarla hubo que arreglar también que Manuel fuera con ella. Ya en su nueva capilla, doña Ana se encargó de vestir y ornamentar a la imagen.
La imagen de la virgen fue bautizada como “La Virgen Estanciera” o la “Patroncita Morena”, ya que fue moldeada en Brasil con terracota – tierra morena cocida – del Valle de Paraíba.




