La montañista rojense fue nuevamente protagonista de otra experiencia impresionante, fue en la provincia de Catamarca, donde logró hacer cumbre en el Volcán Ojos del Salado y también en el Nevado Tres Cruces. En El Nuevo en Radio describió cada pasó que dio a más de 6000 metros de altura.
Bajando y subiendo a una montaña es como pareciera transcurrir la vida de Cecilia Cordone, la rojense que hace ya varios años se cruzó con esta singular pasión, que la ha llevado a transitar experiencias fantásticas, renovando de manera permanente los desafíos.
La montañista rojense decidió poner nuevamente a prueba su cuerpo y partió a principios de marzo para el norte del país, allí se propuso conquistar dos nuevas cumbres, una en el volcán Ojos del Salado, el más alto del mundo, y otra en el Nevado Tres Cruces, otro de los gigantes del continente americano.
Con la satisfacción de haber alcanzado una nueva meta y vivir momentos únicos al lado de las nubes, Cecilia Cordone nos propuso otro relato fantástico: “Esta vez nos fuimos para Catamarca en el marco de mi proyecto de hacer las diez montañas más altas de América, con lo cual nos quedan tres en esta provincia y en esta oportunidad decidimos hacer dos, comenzando con una aclimatación que hicimos en una montaña que tiene 5100 metros y se llama La Coipa y después fuimos para el Ojo del Salado“.
“Una vez que terminamos con el Ojo del Salado descansamos un día y nos fuimos para Chile hacer otra montaña hermosa, que es el Tres Cruces”, indicó la montañista rojense.
“El Ojo del Salado es el volcán más alto del mundo y tiene casi 6900 metros, y tiene de particular que se puede hacer de dos lados, el Chileno o el Argentino, y como a nosotros siempre nos gusta lo difícil fuimos del lado argentino, que tiene la dificultad tanto en la subida como en la aproximación, que son 100 kilómetros de un ripio muy difícil de transitarlo, de hecho tardamos unas siete horas“, expresó.
“La llegada al campo base es bastante complicada -aseguró-, además está a los 5200 metros, y más allá que piensen que está cerca de la cumbre, hay que saber que una cosa es la aproximación, donde se arma el campo base, y la otra es todo lo que uno tiene que hacer previo para estar ahí ya que es una montaña tan alta como Aconcagua“.
Cecilia sostuvo que “todo el proceso de aclimatación hay que hacerlo igual que una montaña tipo Aconcagua, y si bien se llega con un vehículo hasta esa alta es más fácil porque quedarían unos 2000 metros, porque todo lo que tenés que hacer en otras montañas empezando de abajo, lo tenés que hacer en las montañas de alrededor“.
“Salimos de Rojas con Julián Insarralde desde Rojas hasta Córdoba, donde nos quedamos en la casa del compañero que nos fuimos a Nepal, y de allí el 26 salimos para Catamarca, donde llegamos al Hotel Cortadera y el 27 salimos para la montaña“, comentó.
Puntualizó que “el 4 de marzo hicimos cumbre en el Ojo del Salado, que digamos fue bastante rápido, porque es una montaña que en general lleva unos 14 días y la pudimos completar en seis, y eso se da por la experiencia que tenemos en lo que es la aclimatación“.
“En el camino al Ojo del Salado rompimos una goma de la camioneta, lo que nos obligó a ir a Fiambalá a repararla, incluso nos dieron un repuesto por si teníamos otro inconveniente. Una vez que tuvimos todo armado de vuelta salimos para el Tres Cruces, que lo hicimos solamente con Julián y muy rápido porque ya estábamos aclimatados“, relató.
Siguiendo con la experiencia dijo que “para la segunda experiencia llegamos al campo base el 7, el ocho movimos al campo alto y el 9 ya habíamos llegado a la cumbre, y lo que tiene esta montaña es que queda medio a tras mano en el sentido de que hay que hacer aduana Argentina, luego también la chilena, y como la montaña queda en el medio de las dos hay que volverse y agarrar el camino de ripio“.
“El mismo día que hicimos cumbre bajamos, desarmamos el campo alto, el campamento base, y nos dio tiempo para hacer las dos aduanas, con lo cual el viernes ya estábamos durmiendo en el hotel, o sea que nos fue fantástico“, subrayó.
Acerca de los peligros que se cruzaron en este nuevo desafío expresó: “Siempre las montañas altas tienen su riesgo y su peligro, en este caso ninguna de estas dos tienen esas grietas que nos encontramos cuando fuimos al Manaslu, pero si en este tipo de montañas el peligro pasa en que uno está solo, no es como en algunas partes del Aconcagua que hay rescatistas o helicópteros, por eso que hicimos cien kilómetros los tres solos, con lo cual ante una mínima caída y si se necesita llamar a alguien que te vaya a rescatar hay que hacer toda una movida“.
“Lo mismo pasó en el Tres Cruces, que fuimos con Julián solos, es una montaña que se camina muy tranquilamente hasta cierta altura donde comienzan las piedras, por eso era más peligrosa y nos demandó un tiempo mayor, de hecho tuvimos que ir encordados, que ayuda a que no vayamos para abajo del todo, incluso es una subida que se tiene que hacer con casco, no hay ningún paso normal“, confesó.
Además contó que “cuando llegamos al campo base comenzó a nevar, pero fue todo muy tranquilo, algo que no nos impidió el ascenso, además no nos preocupó porque sabíamos que después se venían buenos días, o sea que esperamos que pare y al otro día amaneció divino. El clima se comportó diez puntos“.
Respecto a las tramitaciones que tuvieron que realizar para hacer el desafío contó: “Si uno quiere hacer las cosas bien se tiene que hacer un trámite, donde Julián se pone como guía y a mí como acompañante, es para informar a Chile que vamos a hacer montaña. Además hay que hacer las dos aduanas, avisar que vas a estar en el territorio, fue una papelería que nos llevó un par de días, aunque no fue una preocupación porque íbamos con el tiempo suficiente, y nos pasó además que la gente se ponía muy contenta y nos pedían que les mostráramos fotos“.
Los objetos que dejó en las cumbres: “Cuando hicimos el Tres Cruces en Chile todas las montañas tienen una cajita de metal con un libro adentro para que uno ponga su nombre y escriba lo que quiera, y allí nos encontramos con muy pocos testimonios de gente que había hecho cumbre, con lo cual lo tomamos como un logro, porque no es un lugar que muchos eligen para subir“.
“Mi amiga Andrea Mafhud siempre me da algo para llevar, en Nepal fue un Rosario, y ahora otro, que lo dejé en la cumbre del Ojo del Salado, y siempre le digo en broma si es que lo puedo dejar un poco más abajo (risas). Por otro lado, de mi parte siempre llevo algo que me representa, que lo llevo en el alma y no me puede faltar, es la bandera de Rojas, es un orgullo sacarme la foto con el símbolo de mi ciudad”, destacó.
Para la montañista “este fue un proyecto más complejo en el sentido de que lo habíamos armado como si fuésemos a hacer dos veces el Aconcagua, y si bien no está esa distancia de varios kilómetros para llegar al campo base, como hay que hacer toda una aclimatación fue un desafío pensado en ver que podíamos hacer, y salió perfecto. Era duro, pero a la vez sabíamos que nos habíamos puesto la vara más alta, que nos sirvió sobre todo para conocer hasta donde respondía el cuerpo“.
“Lo que siempre siento cada vez que hacemos cumbre es que cumplí el objetivo que me propuse, y después, más allá que extraño el trabajo y la familia, es que una vez que vuelvo a Rojas ya estoy pensando en hacer una nueva montaña, donde me quedan sensaciones que son irreproducibles, más aún cuando sé que hay gente que va muchas veces a la misma montaña y no puede hacer cumbre, y a nosotros se nos viene dando en todos los lugares, es algo maravilloso”, destacó.
En este sentido agregó que “también me pasa que una vez que lo hice ya está, queda el recuerdo, el saludo de otras personas que hace mucho que dedican a esto, las felicitaciones, las amistades perduran, pero termina la experiencia y ya lo dejo atrás, pienso inmediatamente en otro nuevo desafío”.
“Dentro de este proyecto de las diez más altas hay una montaña en Perú que es bastante compleja de subirla porque es muy técnica, por eso es que en julio haré un curso avanzado en escalada en hielo para perfeccionar la técnica para subirla, así que para esa fecha iré a escalar en hielo a Mendoza, y luego queremos ir al norte a fin de año, además está en mente hacer otra de 8 mil, cosas que nos proponemos y después veremos si se pueden dar”, concluyó Cecilia Cordone, quien casi no terminó de vivir una nueva experiencia maravillosa que ya se está poniendo otros desafíos en las montañas más altas del planeta.




